La regularización que desborda los consulados: colas, choque político y un sistema sin previsión
Las largas colas frente al Consulado de Pakistán en Barcelona han pasado en pocos días de ser una anécdota administrativa a convertirse en un símbolo del impacto real de la regularización extraordinaria de inmigrantes aprobada por el Gobierno de España. Aglomeraciones desde la madrugada, esperas de varias horas y presencia policial constante dibujan un escenario que ha abierto un intenso debate social y político.
Lo que ocurre en la avenida de Sarrià no es un hecho aislado, sino el resultado de una decisión de gran calado aplicada sin una infraestructura administrativa preparada para asumirla.
Una medida con objetivos sociales… y efectos inmediatos
El Ejecutivo defiende la regularización como una medida pragmática y socialmente necesaria. El objetivo es integrar a miles de personas que llevan años viviendo en España, muchas trabajando de forma irregular, y permitirles acceder a:
- Contratos legales
- Cotización a la Seguridad Social
- Derechos laborales y sanitarios plenos
Desde el Gobierno se insiste en que no se trata de una nueva ola migratoria, sino de “poner orden” en una realidad ya existente.
Sin embargo, el impacto ha sido inmediato y concentrado. La regularización ha activado una demanda masiva y simultánea de documentación, algo para lo que ni los consulados ni muchas oficinas administrativas estaban preparados.
El documento que bloquea el sistema: antecedentes penales
El principal cuello de botella es el certificado de antecedentes penales del país de origen, obligatorio para iniciar el proceso. En el caso de Pakistán, este trámite presenta varias dificultades:
- No puede realizarse online desde España
- Requiere gestión directa del Consulado General de Pakistán en Barcelona
- En muchos casos obliga a autorizar a familiares en Pakistán
- Supone envíos, legalizaciones y traducciones posteriores
Este sistema, lento y presencial, no está diseñado para absorber cientos o miles de solicitudes diarias, lo que explica el colapso actual.
Falta de previsión y capacidad limitada
Expertos en gestión pública coinciden en un diagnóstico claro: la regularización era previsible, pero sus efectos no se planificaron.
“No se reforzó ni coordinó previamente la red consular. Se sabía que el certificado de antecedentes iba a ser el gran tapón”, explica Laura Pérez, investigadora en políticas migratorias.
Aunque el consulado ha ampliado horarios y personal, la infraestructura física y humana es la misma, lo que genera:
- Colas desde las 5 o 6 de la mañana
- Atención por orden de llegada
- Saturación constante del entorno
La ausencia de un sistema de cita previa digital eficaz agrava aún más el problema.
El debate político: entre improvisación y oportunidad
Las imágenes de las colas han entrado de lleno en el debate político.
Desde la oposición se acusa al Gobierno de:
- Improvisación
- Falta de coordinación institucional
- Generar un “efecto llamada administrativo”
Algunos portavoces hablan de “caos previsible” y de trasladar el problema a barrios residenciales sin soluciones claras.
Desde el Ejecutivo y partidos afines se responde que:
- Toda regularización masiva genera tensiones iniciales
- Las colas no implican nuevas llegadas
- El beneficio a medio plazo será mayor control y recaudación
Para el politólogo Andrés Molina, el choque es inevitable:
“La regularización tiene costes visibles a corto plazo y beneficios invisibles a medio plazo. El error ha sido no anticipar los primeros”.
Impacto urbano y malestar vecinal
La concentración diaria de personas ha obligado a desplegar dispositivos de Mossos d’Esquadra y Guardia Urbana para garantizar la seguridad y la movilidad.
Los vecinos de la zona denuncian:
- Ruido desde primera hora
- Ocupación constante de aceras
- Sensación de desorden
El Ayuntamiento reconoce el problema, pero insiste en que se trata de una situación excepcional ligada a una decisión estatal, sin margen de actuación municipal real.
Comparación con regularizaciones anteriores
España ya ha vivido procesos similares, como la regularización de 2005. La diferencia clave es que entonces:
- El proceso fue más escalonado
- Existía mayor margen temporal
- La digitalización, aunque limitada, evitó colapsos tan visibles
En esta ocasión, la concentración temporal y la dependencia de consulados extranjeros ha amplificado el impacto.
Un aviso para el resto del sistema
Lo que ocurre en Barcelona puede repetirse en otros consulados si:
- Continúa aumentando la demanda
- No se habilitan vías telemáticas
- No se refuerza la coordinación internacional
La regularización ha puesto de manifiesto una realidad incómoda: el sistema administrativo no está preparado para absorber de golpe una demanda acumulada durante años.
Más allá de las colas
Para quienes esperan durante horas, la cola es el precio a pagar por una oportunidad de regularizar su vida. Para las administraciones, es una señal de alarma.
Las imágenes del consulado no son solo un problema puntual: son el reflejo de una política pública de gran impacto social aplicada sin una estructura acorde.
La regularización puede marcar un antes y un después, pero las colas de Sarrià dejan una lección clara: sin previsión, incluso las medidas con buena intención pueden desbordar el sistema.