Adamuz, un municipio cordobés de algo más de 4.000 habitantes situado a las puertas de Sierra Morena, vivió este domingo una de las jornadas más difíciles de su historia reciente. La localidad quedó marcada por el grave accidente ferroviario ocurrido a escasos kilómetros del casco urbano, pero también por una respuesta ciudadana ejemplar que se prolongó durante toda la madrugada.
El siniestro se produjo cuando un tren de alta velocidad de Iryo, que cubría el trayecto Málaga-Madrid, descarriló e invadió la vía contigua, provocando a su vez el descarrilamiento de un Alvia con destino Huelva. La cercanía del lugar del impacto permitió que los vecinos de Adamuz reaccionaran de inmediato, convirtiéndose en un apoyo clave en los primeros momentos de la emergencia.
Los primeros en acudir fueron los sanitarios del propio municipio, que prestaron asistencia a los heridos antes de que se desplegara por completo el operativo de emergencia coordinado por la Junta de Andalucía. Poco después se sumaron efectivos del 061, Guardia Civil, bomberos, Protección Civil y Cruz Roja, en un dispositivo que se mantuvo activo durante horas.
Mientras los servicios de emergencia trabajaban sobre el terreno, numerosos vecinos comenzaron a llegar de forma espontánea. Algunos utilizaron sus propios coches para trasladar a pasajeros ilesos o con heridas leves; otros aportaron mantas, agua, comida y ropa de abrigo para quienes habían salido del tren en estado de shock o desorientados.
La zona próxima a la estación se transformó rápidamente en un espacio de atención sanitaria improvisado. En un edificio técnico de Adif se instaló un Puesto Médico Avanzado donde se realizó el triaje de los heridos y se estabilizó a los casos más graves antes de su traslado a distintos hospitales andaluces. La escena estuvo marcada por la tensión, el silencio y la coordinación constante.
Con el paso de las horas, el polideportivo municipal y la Caseta Municipal de Adamuz se convirtieron en puntos de acogida para los pasajeros que no requerían atención hospitalaria urgente. Allí permanecieron hasta que se organizó el transporte alternativo. A partir de la noche comenzaron a llegar autobuses que derivaron a los viajeros hacia Córdoba, Málaga, Sevilla, Huelva y Madrid.
La solidaridad fue más allá de los recursos municipales. Muchos vecinos ofrecieron sus propias casas para alojar a quienes no tenían dónde pasar la noche, mientras otros se turnaban para llevar café caliente, bocadillos y mantas. También llegaron personas de localidades cercanas para colaborar y apoyar tanto a los pasajeros como a los equipos de emergencia.
Adamuz, golpeada por una tragedia inesperada, mostró su cara más humana en una noche marcada por el dolor, pero también por la empatía y la ayuda colectiva.