Ucrania afronta un nuevo invierno de guerra ante la amenaza de más bombardeos rusos y temperaturas extremas
Ucrania se prepara para nuevos ataques rusos mientras el país atraviesa una ola de frío récord que agrava la ya delicada situación humanitaria. Aunque en los últimos días se ha producido un cese parcial de los bombardeos contra el sistema energético, las fuerzas rusas continúan atacando otras infraestructuras, lo que mantiene a la población en alerta constante y con un profundo escepticismo sobre las intenciones de Moscú.
Desde ciudades como Zaporiyia o Lviv, los testimonios coinciden en una sensación generalizada: la guerra no se ha detenido, solo ha cambiado de forma.
Menos ataques a la red eléctrica, pero más presión militar
El cese parcial de los ataques contra la infraestructura energética comenzó a aplicarse el jueves, según fuentes ucranianas. Sin embargo, Rusia sigue golpeando instalaciones industriales, zonas urbanas y objetivos logísticos, utilizando especialmente drones kamikaze Shahed, uno de los recursos más empleados en esta fase del conflicto.
“No siento que haya un alto el fuego. Los Shahed siguen atacando”, explica Yevguenia Lebedeva, psicóloga residente en Zaporiyia, reflejando el sentir de muchos ciudadanos que continúan escuchando sirenas antiaéreas a diario.
Cortes de luz y frío extremo: una combinación crítica
La situación se ve agravada por una ola de frío extremo, con temperaturas muy por debajo de lo habitual para esta época del año. En muchas regiones del país, los cortes de electricidad se prolongan durante horas, afectando a la calefacción, el suministro de agua y las comunicaciones.
Aunque las autoridades han logrado evitar un colapso total del sistema energético, el desgaste es evidente. Las reparaciones se realizan bajo condiciones muy difíciles, y cualquier nuevo ataque puede provocar apagones masivos en cuestión de minutos.
Desconfianza hacia Moscú
En el plano político, el anuncio de una reducción de los ataques energéticos no ha convencido a Kiev. El Gobierno ucraniano insiste en que Rusia utiliza este tipo de gestos como herramienta táctica, sin renunciar a su estrategia militar global.
Desde el entorno del presidente Volodímir Zelenski, se subraya que la prioridad sigue siendo proteger a la población civil y reforzar las defensas antiaéreas ante la previsión de nuevos ataques en las próximas semanas.
Drones y misiles siguen marcando el día a día
Los drones Shahed se han convertido en una amenaza constante, especialmente durante la noche. Su bajo coste y su capacidad para saturar las defensas hacen que, incluso cuando no causan grandes daños materiales, mantengan a la población en un estado de estrés permanente.
A esto se suman los misiles de largo alcance, que siguen utilizándose de forma puntual contra distintos objetivos, obligando a activar alertas en buena parte del país.
Resiliencia civil en condiciones extremas
Pese a la dureza del invierno y la incertidumbre militar, la población ucraniana continúa adaptándose. En muchas ciudades se han habilitado centros de calor, espacios donde los ciudadanos pueden refugiarse del frío, cargar dispositivos y acceder a suministros básicos durante los apagones.
Organizaciones humanitarias y autoridades locales trabajan para garantizar ayuda a los colectivos más vulnerables, especialmente ancianos y familias con niños, en un contexto donde el desgaste psicológico es cada vez más evidente.
Un invierno decisivo
Los analistas coinciden en que este invierno será clave en la evolución del conflicto. Rusia parece apostar por mantener la presión militar mientras Ucrania resiste con el apoyo de sus aliados occidentales, tratando de evitar que el frío y los apagones debiliten la moral de la población.
Mientras tanto, los ucranianos afrontan cada día con una mezcla de prudencia y resistencia, conscientes de que, pese a los anuncios de contención, la guerra sigue muy presente en su vida cotidiana.