La ciudad da un paso más en su proyección internacional científica
Málaga sigue ampliando su mapa de influencia internacional y esta vez lo hace en un terreno muy específico: la química. La ciudad será la nueva sede europea de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC), el organismo científico que fija las reglas del lenguaje químico en todo el mundo y que tiene la autoridad para nombrar oficialmente los elementos de la tabla periódica.
El acuerdo que hace posible este traslado se ha firmado en el Ayuntamiento, en un acto encabezado por el alcalde, Francisco de la Torre, y el presidente de la IUPAC, Ehud Keinan. A la cita también ha asistido la concejala de Innovación, Digitalización y Captación de Inversiones, Alicia Izquierdo. La rúbrica del protocolo marca el inicio de una nueva etapa para la organización científica en Europa y sitúa a Málaga en una posición estratégica dentro del panorama investigador internacional.
Un cambio de rumbo tras más de 30 años en Estados Unidos
La decisión no es menor. La IUPAC abandona su histórica base en Carolina del Norte, donde había operado desde 1997, para instalar su Secretaría europea en territorio comunitario. El traslado pone fin a más de tres décadas de presencia continuada en Estados Unidos y abre un nuevo modelo de gestión compartida.
Tras un proceso competitivo en el que participaron candidaturas de una docena de países de Asia, Europa y América, la Asamblea General de la IUPAC aprobó el pasado 16 de julio la elección de Málaga y Roma como sedes europeas. Ambas ciudades compartirán responsabilidades dentro de esta nueva estructura organizativa.
En el caso malagueño, la Secretaría se ubicará en el Rectorado de la Universidad de Málaga (UMA), que actuará como institución anfitriona. En Italia, la sede contará con el respaldo del Consejo Nacional de Investigación (CNR). Este modelo dual refuerza el papel de Europa en la gobernanza científica global.
La institución que pone nombre a la tabla periódica
Fundada en 1919, la IUPAC reúne a más de 2.000 científicos de 57 países y es una de las organizaciones más influyentes en el ámbito de la química. Su función más conocida es la de validar y asignar el nombre oficial a los nuevos elementos de la tabla periódica, un proceso que exige rigor científico y consenso internacional.
Pero su labor va mucho más allá de bautizar elementos. La organización establece normas de nomenclatura, define estándares de medición, promueve buenas prácticas en investigación y actúa como foro de cooperación entre comunidades científicas de todo el mundo. Gracias a su trabajo, un compuesto químico recibe el mismo nombre y significado en cualquier laboratorio, independientemente del país.
Esta armonización es clave para el avance científico, ya que facilita la comunicación entre investigadores, la publicación de estudios y el desarrollo de aplicaciones industriales, farmacéuticas y tecnológicas.
Un acuerdo con vocación de estabilidad
El protocolo firmado entre la IUPAC, la Universidad de Málaga y el Ayuntamiento contempla una vigencia inicial de cuatro años, con posibilidad de prórroga por otros cuatro más. El documento recoge aspectos logísticos como la cesión de espacios, servicios administrativos y apoyo técnico, además del personal necesario para el funcionamiento de la Secretaría.
Desde el Consistorio destacan que la llegada de la organización no solo aporta prestigio institucional, sino que también puede generar un efecto tractor en el ecosistema científico y tecnológico local. La presencia de una entidad de referencia mundial abre oportunidades de colaboración, congresos internacionales y proyectos conjuntos con universidades y centros de investigación.
Málaga consolida su perfil como nodo científico europeo
La instalación de la IUPAC en la ciudad se suma a la estrategia de posicionamiento internacional que Málaga ha impulsado en los últimos años, especialmente en los ámbitos tecnológico, universitario y de innovación. El aterrizaje de la Secretaría europea refuerza ese relato y sitúa a la capital de la Costa del Sol en el radar de la comunidad científica global.
Con este movimiento, Málaga no solo gana visibilidad, sino que asume un papel activo en la construcción del lenguaje científico que se utiliza en todo el planeta. Un paso que, más allá del simbolismo, tiene un impacto real en la manera en que se organiza y comunica la ciencia a escala internacional.
La ciudad andaluza se convierte así en uno de los centros neurálgicos de la química mundial, compartiendo protagonismo con Roma en esta nueva etapa de la IUPAC en Europa.