El barrio Oliver de Zaragoza dice adiós definitivamente a uno de sus espacios más simbólicos: el antiguo campo de fútbol de La Camisera. Tras años de abandono y peticiones vecinales para mantener su uso deportivo, el solar ya acoge los cimientos de un proyecto inmobiliario de alta gama que transformará por completo la zona.
La actuación forma parte de la reordenación urbana del entorno y combina promoción privada y obras municipales, con nuevas viviendas, mejoras viarias y la creación de un gran parque.
De campo de tierra a promoción residencial
La Camisera fue durante décadas el hogar del Club Deportivo Oliver, una de las canteras más reconocidas de la ciudad. Por ese campo de tierra pasaron futbolistas que más tarde dieron el salto al profesionalismo, como Jesús Seba o Víctor Laguardia, entre otros.
El club se trasladó hace más de veinte años a nuevas instalaciones cercanas y, desde entonces, el antiguo recinto quedó sin uso. Los vecinos impulsaron campañas para convertirlo en espacio deportivo abierto, pero finalmente el terreno ha sido recalificado para uso residencial.
La promotora impulsa una primera fase de 62 viviendas de lujo, con piscina, pista de pádel y zonas comunes ajardinadas. Los precios rondan los 320.000 euros, por encima de la media del distrito, donde el valor medio de la vivienda se sitúa en torno a los 180.000 euros.
Inversión municipal y renovación del entorno
El Ayuntamiento anunció una inversión cercana a 887.000 euros para mejorar el entorno urbano:
- Renovación de rotondas
- Descongestión del tráfico
- Ampliación de aceras
- Nueva iluminación
Además, el proyecto contempla la creación de un parque de unos 17.000 metros cuadrados entre las calles Lagos de Millares, Antonio Leyva y San Alberto Magno, con una inversión adicional superior a 1,35 millones de euros.
La actuación busca atraer nuevos residentes y rejuvenecer el barrio, en una dinámica similar a la vivida en zonas próximas como Valdefierro.
Un símbolo que desaparece
La transformación refleja el cambio que ha experimentado Zaragoza en las últimas décadas: antiguos espacios deportivos y solares periféricos dan paso a promociones residenciales ante la falta de suelo disponible.
Para muchos vecinos del Oliver, La Camisera era algo más que un campo de fútbol: era punto de encuentro, cantera y memoria colectiva. Ahora, ese recuerdo quedará integrado en un nuevo paisaje urbano marcado por viviendas de alto standing y zonas verdes renovadas.