Apple y OpenAI apuestan por wearables sin pantalla en plena era de la adicción al móvil
Los fracasos del Humane AI Pin y del Rabbit R1 parecían haber dejado claro que los wearables de inteligencia artificial sin pantalla aún no estaban listos para conquistar al gran público. Sin embargo, Apple y OpenAI parecen decididas a intentarlo de nuevo, convencidas de que el futuro de la tecnología pasa por dispositivos con mucha IA… y sin necesidad de mirar una pantalla.
La visión: menos pantalla, más computación ambiental
Ya en 2024, Mark Zuckerberg anticipaba un futuro en el que el teléfono seguiría con nosotros, pero pasaría más tiempo en el bolsillo. Su apuesta por las gafas inteligentes iba en esa dirección. Ahora, tanto Apple como OpenAI parecen compartir esa visión: reducir la dependencia de la pantalla y avanzar hacia una tecnología que funcione de forma más natural, mediante la voz y el contexto.
El wearable de IA que prepara Apple
Según The Information, Apple está desarrollando un wearable con inteligencia artificial que no tendrá pantalla y que recordará, por tamaño y formato, a un AirTag. El dispositivo incluiría dos cámaras y tres micrófonos, y su lanzamiento estaría previsto para 2027, con una producción inicial de unos 20 millones de unidades.
Se trataría de una apuesta prudente, pero estratégica, con la que Apple quiere explorar nuevos hábitos de interacción con la tecnología más allá del iPhone.
OpenAI también quiere su propio hardware
OpenAI, por su parte, no se queda atrás. Sam Altman y Jony Ive llevan meses trabajando juntos en un dispositivo de IA que podría presentarse antes de que termine el año. Los rumores apuntan a unos auriculares inteligentes, pensados para competir con los AirPods y centrados en la interacción por voz, en una experiencia muy cercana a la que imaginaba la película Her.
Apple parte con ventaja en el terreno wearable
Si hay una compañía con experiencia en este tipo de dispositivos, esa es Apple. Apple Watch, AirPods y AirTags generan decenas de miles de millones de dólares en ventas anuales, y proyectos como sus futuras gafas inteligentes refuerzan su posición en este mercado.
Aun así, la historia demuestra que el éxito en wearables no garantiza que un nuevo formato vaya a cambiar nuestros hábitos de forma radical.
El gran obstáculo: vivimos pegados a la pantalla
El principal reto de estos dispositivos sin pantalla es evidente. Vivimos en un mundo dominado por el consumo de imagen y vídeo: TikTok, Instagram y YouTube marcan cómo usamos la tecnología. Hasta ahora, ningún producto ha conseguido que dejemos de mirar el móvil durante largos periodos de tiempo.
Incluso los wearables que han triunfado lo han hecho como complementos del smartphone, no como sustitutos reales.
Lecciones del fracaso del Humane AI Pin y Rabbit R1
No es la primera vez que se intenta este camino. El Humane AI Pin y el Rabbit R1 prometieron revolucionar la interacción con la tecnología gracias a la voz y la IA, pero acabaron demostrando lo complejo que es crear hardware realmente útil. Rendimiento limitado, autonomía escasa y expectativas infladas terminaron por hundir ambos proyectos.
La IA ahora sí parece más preparada
La diferencia es que la inteligencia artificial ha avanzado mucho desde entonces. Los agentes de IA actuales ya son capaces de realizar tareas complejas, mantener conversaciones y conectarse a otras aplicaciones de forma más fluida. Este avance acerca la idea de la llamada computación ambiental: una tecnología siempre presente, pero casi invisible.
El objetivo es pasar de interactuar con pantallas a simplemente pedir las cosas con naturalidad, como decirle al dispositivo que reserve una mesa en un restaurante y dejar que la IA se encargue del resto.
Un futuro sin formato claro
Gafas, auriculares, colgantes o pins. De momento, no hay un formato ganador. Cada opción tiene ventajas y limitaciones, y todas compiten por convertirse en la puerta de entrada a ese futuro dominado por la voz y el contexto.
Apple y OpenAI están dispuestas a asumir el riesgo. La gran incógnita es si, esta vez, el mercado está realmente preparado para vivir con menos pantallas… o si el móvil seguirá siendo, por mucho tiempo, el centro de todo.