El cantante ha convertido su experiencia personal en un mensaje claro sobre salud mental, reivindicando la terapia y el autocuidado sin tabúes
A lo largo de más de dos décadas de carrera, Dani Martín ha sido uno de los rostros más reconocibles del pop español. Primero como líder de El Canto del Loco, y después en solitario, su éxito ha sido constante. Sin embargo, detrás de los focos y los escenarios, el artista vivió una etapa oscura marcada por la depresión, una experiencia que hoy relata con serenidad y sin miedo.
El éxito no siempre protege del vacío
Con una agenda frenética y una presión constante por mantenerse en lo más alto, Dani Martín ha explicado en numerosas ocasiones que la estabilidad profesional no garantiza el bienestar emocional. “Puedes estar rodeado de gente y sentirte profundamente solo”, ha reconocido.
En su caso, la depresión no llegó de golpe. Fue un proceso lento, alimentado por la autoexigencia, el cansancio acumulado y la dificultad para gestionar emociones en un entorno de exposición permanente.
Las señales silenciosas y el momento de pedir ayuda
Como ocurre en muchos casos, los primeros síntomas pasaron casi desapercibidos: agotamiento constante, pérdida de ilusión, problemas de sueño, cambios físicos y una sensación persistente de vacío.
Durante un tiempo intentó seguir adelante sin detenerse, convencido de que podría manejarlo solo. Hasta que llegó el punto de inflexión: entender que pedir ayuda no es un fracaso, sino una forma de cuidado.
La terapia como pilar de su recuperación
El apoyo profesional fue determinante. La terapia psicológica le permitió poner nombre a lo que le ocurría y aprender herramientas para gestionar la ansiedad, la tristeza y los pensamientos recurrentes.
“Llevo años haciendo terapia. Igual que vas al dentista, esto es lo mismo”, ha explicado con naturalidad. Para Dani Martín, acudir a un profesional no es motivo de pudor; al contrario, considera que normalizarlo es una responsabilidad pública.
Cambiar el ritmo para volver a encontrarse
Junto a la terapia, el cantante introdujo cambios profundos en su estilo de vida: redujo el ritmo de trabajo, aprendió a respetar los descansos y empezó a priorizar su bienestar personal.
Lejos de frenar su carrera, esta pausa consciente le ayudó a reconectar con la música desde un lugar más sano, recuperando la creatividad y el disfrute que habían quedado en segundo plano.
“La depresión no se cura de un día para otro”
Dani Martín insiste en que su historia no es un relato de superación rápida ni un final cerrado. La depresión, explica, puede acompañar durante mucho tiempo y requiere atención constante.
La clave, señala, está en reconocer las señales de alerta, no minimizar lo que se siente y no tener miedo a volver a pedir ayuda cuando sea necesario.
Un presente personal y profesional más luminoso
En la actualidad, el artista atraviesa una etapa especialmente serena. A nivel profesional, presentó su último disco, El último día de nuestras vidas, mientras que en lo personal ha hablado abiertamente de su relación con la actriz María Hervás.
Además, ha compartido su deseo de ser padre en el futuro, un proyecto vital que afronta desde la madurez y la calma, con la intención de priorizar la familia por encima de cualquier éxito.
Música y terapia, las dos tablas de salvación
“La música me ha salvado la vida”, ha afirmado en más de una ocasión. Para Dani Martín, componer, cantar y subirse a un escenario siguen siendo una forma de expresión y sanación. Pero ahora, esa pasión convive con una certeza: cuidar la salud mental es tan importante como cualquier otro aspecto de la vida.
Su testimonio, sincero y sin dramatismos, ha convertido al cantante en una de las voces más influyentes en la normalización de la salud mental en el ámbito artístico y social.